Quien haya dicho que un exilio es como tomar vacaciones, no sabe lo que es el despojo, quizás en la literatura se ha romantizado tanto al exilio que se le ve como una dulce forma de añorar el estado previo, pero eso no es así, el exilio es mas bien esa lucha por sortear las dificultades que atrae el haber salido del origen, mas que haber salido, haber sido sacado de él.
Exiliarse o ser exiliado, hay poca diferencia, quizás la primera es mas severa, porque siempre somos mas tendientes a ser serveros con nosotros mismos, a no perdonarnos tan fácilmente, ser exiliado tiene como consuelo álgido, el que quizás querramos regresar y lucharemos por ello.
Pero, ¿qué sucede cuando el exilio combina ambas facetas?, ¿a dónde se refugia uno cuando no conoce ni el destino ni el camino?, ¿qué hacer cuando el estado previo era de lo que se huía pero se toleraba en una especie de síndrome de Estocolmo masoquista?...
Hoy estoy dejando mi autoexilio para tomar las riendas de mi viaje, por esta ruta, una ruta que parece mas bien ir de lo onírico a lo caótico y en veces parece estática de un viejo televisor.
Hoy comienzo a hacer ruido nuevamente...
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