Recontruir es una palabra que de golpe nos confronta con una realidad, la más dura de todas, en la que quizás hayamos aprendido la lección o no, pero nos toca enfrentarnos con las ruinas de lo que alguna vez fue, las ruinas de una sonrisa, las ruinas de una habitación vacía, los ecos de los sonidos que se van diluyendo cada vez más y que parecen combinarse, las ruinas frente al espejo y las ruinas de la mirada.
Y es entonces cuando el panorama se antoja duro, sucio, imposible, titánico, ¿qué hay que hacer?, ¿dónde hay una escoba gigante para barrer todo y comenzar de cero?, en muchos casos lamentablemente no la hay y tenemos que comenzar a reconstruir lo que había, pero esto nos da la oportunidad de volver al diseño original si es que funcionaba o podemos hacerle arreglos, mejoras, actualizaciones, reconstruir implica siempre cambiar, a veces todo, a veces un poco, pero siempre conlleva tirar lo que no resistió el paso de la transición.
Es que transicionar de un estado a otro siempre causa un caos, una ruptura, una locura, es como asirse en un bote que no sabemos a donde encayará, porque ciertamente eso es lo que sucederá. Pero siempre hay algo que nos mantiene: la Fe.
Reconstruir es el momento de reutilizar, reciclar y renovar.
Me ha costado trabajo reconstruir desde cero mi sonrisa, pero lo voy logrando, porque al final es ella la que me ha mantenido a flote, es momento de realizar los ajustes necesarios y es el momento de sacudirme todo aquello que se adhería a mi, impidiéndome moverme, es tiempo de trasmutar y de hacerle arreglos al diseño original, para que la vieja versión se sienta orgullosa de la nueva, me recuerda a esos episodios donde Mazinger Z era destruido casi por completo, pero siempre había otro mejorado que llegaba en su lugar, pero había que entender que no era que uno fuera mejor que el otro, ni que uno se volviera inútil, ambos podían coexistir, pero ciertamente uno tendría el nuevo liderazgo, aunque de vez en vez el antiguo salía a dar batalla para demostrarnos que incluso el diseño original nunca estuvo acabado.
Hoy mi Mazinger se reconstruye, hoy hay una nueva versión con una visión mejorada de lo que antes pretendía conocer y hoy con humildad entiendo que jamás comprendí, hoy me permito soltar la ilusión del control externo y me doy el permiso explícito de navegar por aguas desconocidas, territorio sin mapas ni GPS, solo la intuición de que siempre, todo irá a mejor, aún cuando parezca que no.
Reconstruyo, reutilizo, reciclo, renuevo...
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